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Etiqueta en la Mesa Árabe

 

A lo largo de mi vida he viajado por negocios a muchos países árabes, especialmente a los del Golfo incluyendo Arabia Saudita. Y en negocios es ineludible compartir comidas con los locales, a un nivel que un turista nunca alcanzará (de la misma manera que el hombre de negocios pasa por los países sin ver mas que aeropuertos y oficinas). Es cierto que existe un cierto protocolo en la mesa que difiere según cada país pero muy a menudo se exagera o tergiversa el significado de algunos gestos y en otros casos se omiten reglas que sí son importantes.

Esta es mi visión del tema sobre como comportarse en la mesa árabe. Sigo vivo y con bastantes amigos árabes, así que creo que se algo del tema.

  • Frecuentemente he leído que es recomendable terminar la comida con un sonoro eructo en muestra de aprobación y así causar satisfacción en el anfitrión. Por favor, no lo hagas. Ellos no lo hacen nunca, no lo he visto ni entre las clases altas, bajas o medias y si lo hicieran probablemente se sentirían totalmente apenados. Comportémonos tal y como lo hacemos habitualmente – esperan que seamos gente decente – y eso será suficiente. Piensen que están ante un pueblo que alcanzó los más altos hitos de la Humanidad. El tema del “eructo” es más común en el Extremo Oriente y no con un significado oculto o implícito : se eructa porque sí y punto.
  • Lavarse bien las manos antes de sentarse a la mesa. Si no lo hacen no  lo recriminarán pero mejor ir, aunque tengan las manos como los chorros del oro. Esto sí que es un acto social, casi religioso.
  • Muchas veces no nos daremos cuenta si lo hacemos bien o mal porque el huésped tiene una especie de bula papal para hacer prácticamente lo que le venga en gana. Es la regla de la hospitalidad que los árabes tienen muy bien aprendida. Fijarse en los demás comensales y actuar de forma parecida. Y ante la duda preguntar o hacer tal y como harías en mesas de etiqueta de nuestro país.
  • No utilizar la mano izquierda. No se los  recriminarán pero por diversas razones de tradición cultural la mano izquierda se es reservaba para las tareas “sucias” mientras que era la derecha la que se podía mover libremente por los alimentos. Esta es una regla importante – no sé por qué pocas guías lo mencionan – y algo difícil de seguir. Mi método consistía en acercar la silla a la mesa y atrapar la mano izquierda que colgaba del borde de la mesa con mi barriga. Así quedaba “artificialmente” atrapada y si el instinto me hacía moverla ese freno me recordaba que no debía. Me preguntan, ¿y cómo se corta la carne o sujeta el pan? Toda regla tiene sus excepciones y en las mesas de etiqueta árabe encontraran la típica rastra mareante de cubiertos a lado y lado de la mesa. Eso implícitamente indica que en esa casa o en ese restaurante han superado la tradición y puedes emplear ambas manos sin problemas. Si no encuentran una indicación tan clara probablemente tampoco les hará  falta porque no vamos a encontrarnos con un bistec o carne de cerdo que cortar a dos manos, ese no es el tipo de comida que encontraran en un país árabe. Nos pondrán la comida en el plato y será suficientemente blanda para que puedan cortarla o recogerla con un único cubierto. O también es posible que se coma de una sóla fuente o del plato que tienes delante con un trozo de pan que arrebaña el arroz o la ensalada de berenjenas.
  • A los árabes no les gusta que si tienes algún negocio entre manos aproveches la comida para ir al grano. Vamos, que no les gusta que les molesten con la comida. Ni a mi tampoco. Si quieres vender un helicóptero habla de cualquier cosa, divaga, vete por la conversación simple pero no vayas a sacar el tema porque es casi seguro que sí te corten y sí te digan que por ahí no vas bien. Ya fuera del contexto de la comida abordar directamente un tema donde tú planteas algo y esperas una respuesta “ahora” no suele funcionar. Me he tirado más de una vez diez días en un país árabe viendo cada día a mi cliente y no hablando del tema que me había llevado hasta su país hasta el último día y ya camino del aeropuerto. Por eso cuando veo a los Ministros de Asuntos Exteriores de los países occidentales de visita “relámpago” no dejo de comprender el por qué de que los conflictos de Oriente Medio se eternicen. Más té con menta aspirando el narguile y menos prisas, eso es lo que necesita la zona.
  • No hay sobremesa. La cultura mexicana está acostumbrada a pasar un rato sentados a la mesa hablando aunque ya no quede comida en la mesa. Cuando un árabe termina de comer se levanta y se retira. Tal vez a una estancia cercana a fumar, a ver la tele o a tomar el té, pero no se queda en la mesa. Para nosotros los mexicanos, a los que nos inculcan desde muy pequeños aquello de “no te levantes de la mesa hasta que todos nos levantemos” es muy chocante ver a los comensales levantarse cuando les da la gana y desaparecer dejándote con el tenedor camino de la boca. Yo acababa muchas veces sólo en el comedor con una expresión de perplejidad alucinante.
  • Las mesas se sirven con opulencia. Al árabe le gusta exhibir cierto potencial gastronómico pero no que empieces a reflexionar sobre qué va a pasar con toda aquella comida que se queda allí. Si lo haces el árabe saudita dirá que ahora entrarán las mujeres y terminarán de comer las cosas y otros simplemente se sentirán ofendidos.
  • Lamentablemente las mujeres no comparten las comidas con los hombres y si se ve alguna probablemente se trate de una niña que ayuda a servir la mesa. En Arabia Saudita la segregación es tal que las familias que acuden a los restaurantes se ven forzadas a separarse, quedándose el marido en un lugar y la esposa con los niños en otra estancia del mismo restaurante. No haré comentarios al respecto de esta penosa situación sobretodo porque son muchos, muchísimos los árabes aún estrictamente wahabíes que odian esta situación tan discriminatoria.
  • Al anfitrión le encanta que el invitado coma y lo haga en abundancia. Que repita plato si es posible y que así demuestre que ha disfrutado. Mi norma era repetir dos veces y declinar amablemente la tercera tentativa de volver a llenar el plato. Si son de poco comer realmente la pueden llegar a pasar mal. Recuerdo haber cenado en Riad hasta 3 veces una misma noche por compromisos sociales y que mi amigo Abdullah parara el coche en cualquier calle para que anduviéramos un centenar de metros y así ayudar a la pesada digestión.
  • Comer es un acto social y como tal no deben declinar cualquier invitación, ya sea a un té o a una comida de dieciséis platos, sin importar si les gusta o no. He acudido a lugares de comidas donde simplemente he manoseado algunos platos, he explicado al anfitrión que estaba a punto de estallar y no ha pasado nada, nadie se ha enfadado. Como digo, es un acto social de obligado cumplimiento.
  • Si saben que la cocinera es la esposa del anfitrión y éste así lo ha dicho no es ninguna falta grave felicitarla indirectamente o enviarle un saludo a través del marido. Pueden empezar con un precavido “no se si puedo felicitar a su esposa por esta comida…” y según lo estricto que sea el anfitrión simplemente sonreirá o bien aceptará las felicitaciones. Como he dicho muchas veces el árabe no siempre está conforme con las reglas que le hacen acatar. De no ser así en verano no los veríamos pasear con las familias, a menudo las mujeres con el rostro descubierto, por el lago Lemán o por Harrods.

 

  • Es conveniente mostrarse afable y extrovertido. Unas buenas risas son el mejor ingrediente de una comida

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